La Huelga Infinita / Abecedario insurreccional

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16.

Barcelona, 29 de septiembre de 2010. Un día de huelga general. Un día por diez años de silencio. Lo que pensábamos tener encerrado en el guetto de un medio antisistema, en los límites observables de una periferia bajo control, se reveló, y estalló de nuevo, y finalmente se encendió. Diez años de democracia socialista no han estado, finalmente, a la altura de cuarenta años de fascismo. El orden atacado ese día parecía un mentiroso y asustado falangista. Todo el mundo se reencontró en la calle. A fuerzas de lanzar piedras y romper escaparates. Y la risa también, y los aplausos, cuando hacían huir a la policía, casi perseguida.

17.

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¿ De qué se trata hoy? Podríamos hablar de una cierta vuelta, nuestra vuelta: vuelta a la violencia obrera, vuelta a la violencia de los niños en las calles, vuelta de la violencia de los “ancianos” que sacan las piedras de sus bolsillos para ofrecerselas a los “jóvenes” como homenaje a lo que no dejaron de desear. Decía un viejo hombre en Lyon a los jóvenes amotinados que se encontraban allí: “Os damos las piedras que no podemos lanzar más”. Lo que había sido desaprendido tan bien, resurge hoy con la violencia reprimida. La magia vinculada a la figura del “casseur” no parece ya muy eficaz en estos momentos, al igual que la de “banlieusard”, o el extranjero, o el anarquista, no se podría definir de manera más general la cosa. Porque ¿de qué exterioridad, de qué margen trata exactamente la cuestión, en un mundo que no conoce ya ningún exterior? La cuestión de la violencia no ejerce más, se impone a todos.

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19.

Nunca nos situamos solamente dentro de un movimiento, sino en relación a él, frente a él, y posiblemente hasta contra él. Contra lo que, en él, resulta inconsistente. El flujo de su vacío y de su desesperación. Se trata de atacar las condiciones materiales y afectivas que nos atan a este mundo. De devolver, no sólo imposible sino también indeseable, toda vuelta a la normalidad. Y para esto, establecer una cartografía de lo que nos une: flujos, poderes, afectos, logística y abastecimiento. De adquirir, en la filiación de la amistad conspirativa, los saberes insurreccionales con los que acabaremos con este mundo. Hemos aprendido las primeras letras del abecedario de la sedición. A saber: paralizar refinerías, depósitos petrolíferos, autopistas, puertos. Ver cómo se amontonan los residuos en la calle y hacer de ellos barricadas. Quebrantar los escaparates que nos reenvían a nuestra ausencia. Las cuestiones que se nos ponen delante podrían ser también: ¿ cómo parar, definitivamente, las centrales nucleares? ¿ Cómo convertir la huelga en deserción? ¿ Cómo alimentarse, cuidarse, quererse, sin dejar este mundo en paz?

La salvación sólo para los vencidos es no esperar ninguna salvación.

 


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