Paris-Texas

París-Texas, una propuesta política de los imputados de Tarnac.

“La primavera de los pueblos árabes”, “marcha de la revolución”, “transición democrática”, “fin de la dictadura.” Las grandes máquinas discursivas se ponen en marcha. .  No es necesario más para lograr presentar la caída de los regímenes prooccidentales del Magreb como una de las nuevas victorias de Occidente, y el triunfo inesperado de sus valores.

La fiebre revolucionaria que recientemente se apoderó de los columnistas más conservadores testimonia primero la intensa respuesta inmune viendo la forma en que el evento es acaparado por el discurso dominante. Respondemos por un acceso violento de orientalismo a la necesidad de disponer, lo más deprisa posible, entre nosotros y los tumultos en curso, un sólido cordón sanitario. Nos maravillamos de estas “revoluciones” para esquivar mejor las evidencias que nos arrojan a la cara, para disolver mejor el trastorno que suscitan en nosotros.

Es necesario que sean preciosas, las ilusiones que se trata de preservar así, para que se difunda por todas partes en parecidas apologías de la insurrección, para que extendamos la mano de la no violencia a un movimiento que ha quemado el 60% de las comisarías egipcias. ¡Qué feliz sorpresa descubrir de repente que las prinicipales cadenas de información están en manos de los amigos del pueblo!

Entonces he aquí: si los insurrectos al otro lado del Mediterráneo dicen: “Antes, éramos unos muertos-vivientes. Ahora, hemos despertado”, esto significa en relación a nosotros, que no nos nos sublevamos, que somos unos muertos-vivientes, que dormimos. Si dicen: “antes, vivíamos como bestias, vivíamos en el miedo. Ahora, encontramos confianza en nosotros, en nuestra fuerza, en nuestra inteligencia “, esto significa que vivimos como bestias, nosotros que evidentemente sí hemos sido gobernado por nuestros miedos.

¿Aquellos quiénes pintan hoy de los colores más lúgubres la dictadura despiadada del atroz Ben Ali no la encontraban ayer todavía frecuentable? Hace falta pues que mientan hoy, como mentían ayer. La culpa de Michèle Alliot-Marie reside en otra parte de allí: haber descubierto en algunas frases al Congreso de Diputados que, detrás de tantas disertaciones de alumnos sobre la diferencia entre sus dictaduras y nuestras democracias, se esconde la continuidad policial de los regímenes; en el que unos son más expertos y menos groseros por cierto que otros.

Podemos detallar ad nauseam la brutalidad de la represión bajo el mando de Ben Ali. Sin embargo las doctrinas contra-insurrecionales – el arte de atropellar los levantamientos – son en lo sucesivo la doctrina oficial de los ejércitos occidentales, ya se trate de aplicarlas en el suburbio o en los centros de la ciudad, en Afganistán o tengan lugar en Bellecour en Lyon. El serial semanal de las pequeñas y miserables mentiras de la Sra Alliot-Marie no sabría borrar el escándalo verdadero: haber tratado de “situación de seguridad pública” una situación revolucionaria. Si n0 estuviéramos ocupados en trenzar coronas de jazmín o de loto en honor a las rebeliones del Magreb, posiblemente no habríamos olvidado que Ben Ali, cuatro días antes de desaparecer en los cubos de la basura de la historia, había hablado de las revueltas de Sidi Bouzid como de ” actos imperdonables y terroristas perpetrados por golfos encapuchados “. O que su sucesor creyó que aplacaría la cólera del pueblo anunciando como primera medida la derogación de “todas las leyes antidemocráticas “, a comenzar con las leyes antiterroristas.

Si nos negamos a tener por milagroso el encadenamiento que lleva de la inmolación de Mohamed Bouazizi a la huida de Ben Ali, es que nos negamos a admitir como normal, a la inversa, la indiferencia encubierta que encontró por todas partes durante tantos años la persecución de tantos opositores. Lo que vivimos, nosotros y una juventud cierta y politizada, desde hace tres años, está allí ciertamente por algún motivo. En los tres últimos años, contamos en Francia con más de una veintena de compañeros que, todas tendencia confundidas, han pasado por prisión, en la inmensa mayoría de los casos so pretexto de antiterrorismo y para motivos irrisorios – detención de fumígenos, introducción de pegamento en los cajeros, tentativa fallida de incendio de coche, encolado de carteles o golpes de patada.

Llegamos en enero al punto donde la magia de la inscripción en el fichero policial  de “anarco-autónomos” llevó a una joven a la cárcel por una pintada. Esto ocurre en Francia no, Rusia, Arabia Saudita, no, no en China.

Cada mes, nos enteramos de un nuevo compañero fue tomado en plena calle, que fue entrevistado por un amigo, como muchos otros, para convertirse en informante a cambio de impunidad o salario o conservar su cátedra, que tal conocimiento, a su vez, se sumergió en la dimensión paralela en la que vivimos ahora, con sus celulas sucias, con sus pequeños juicios de odio, de mala fe y resentimiento, con su insomnio, sus prohibiciones de comunicarse, sus policías devenidos en ínitmos con el objetivo de espiarle. Y la apatía que usted gana, la apatía de los que viven “normalmente” y se sorprenden, apatía organizada.

Porque es una política europea. Las redadas regulares de anarquistas en Grecia últimamente lo prueban. Ningún régimen puede renunciar al triturador judicial, cuando se trata de hacer venir abajo lo que le resiste. La culpabilidad es una cosa que se produce. Como tal, es una cuestión de inversión, financiero, de personal. Si usted está dispuesto a poner en ello medios fuera de las normas, usted puede transformar una serie de actas falsas, de testimonios falsos y de maniobras de secretas en un expediente de acusación creíble.

En el asunto dicho “de Tarnac”, la reciente reconstrucción de la noche de los sabotajes, tanto tiempo reclamada por la defensa, administró el ejemplo más bello. Fue uno de estos momentos de apoteosis donde estalla, hasta en los detalles más ínfimos, el carácter de maquinación de toda verdad judicial. Aquel día, el juez Fragoli supo ocultar con arte todo lo que demuestra la imposibilidad de la versión policial. Se volvía súbitamente ciego tan pronto como indócil. La realidad contradecía su tesis. Incluso se las arregló para poner a los redactores de las actas falsas refutando la contradicción, eximiéndoles de estar ahí. Y esto era en realidad superfluo, ya que todas estas personas habían sido transportadas a la escena hacía una semana, en privado y en voz baja.

A decir verdad, sería suficiente la reconstrucción para demostrar que el acta en sí era falta. Es sin duda por esto por lo que protegieron la mirada, cerrando la zona con paredes de gendarmes insistentes de brigadas de apoyo, de helicópteros y de decenas de brutos de la subdirección antiterrorista.

Hasta la fecha, habrá costado algunos millones de euros transformar en una instrucción bien atada por las fantasías de los polis.  Es importante poco saber a quién, para acabar, se imputará los actos que fueron el pretexto de nuestra detención. En cuanto a nosotros, compadecemos desde ahora el tribunal que tendrá que hacer pasar por terrorismo la postura de algunos ganchos inocentes, ahora que bloquear los flujos se hizo el medio de acción elemental de un movimiento de masas contra la reforma las pensiones.

El silencio helador de los gobernantes europeos sobre los acontecimientos de Túnez y de Egipto dice bastante la angustia que los estrecha. El poder es al final tan poco. Un avión despega y todo un edificio de prevaricación que cae en migajas. Las puertas de las prisiones se abren. La policía se desvanece. Honramos lo que ayer todavía fue despreciado, y lo que era el objeto de todos los honores ahora es sujeto a todos los sarcasmos. Todo poder se precipita. Lo que se nos aparece, a nosotros, como demencia de la seguridad pública es sólo un pragmatismo policial, antiterrorismo razonado.

Desde el punto de vista del gestor de situaciones de  seguridad pública, el orden público jamás se habría visto sacudido, y Ben Ali sería todavía tranquilamente presidente, si se hubiera conseguido neutralizar a tiempo a un tal Mohamed Bouazizi.

Esto está claramente en los suburbios como en los movimientos de revuelta, la caza a los Bouazizi, a los promotores potenciales de la insurgencia que es lanzada, que se inicia, y es una carrera a contra reloj, porque de Ben Ali a Sarkozy, los que gobiernan por el miedo se exponen a la furia.

Sr Presidente, hay ranchos en venta en Texas, y vuestro avión os espera en la pista de Villacoublay.

Aria, Benjamin, Bertrand, Christophe, Elsa, Gabrielle, Julien, Manon, Matthieu y Yildune, son las diez personas imputadas en el affaire dicho “de Tarnac”.

Le Monde, 24 février 2011.

Hola,

Contrariamente a lo que figura en su versión en papel, el sitio del Lemonde.fr ha curiosamente cortado una parte del título del artículo que, debido a ello, termina siendo incomprensible y pierde todo su efecto cómico. El título verdadero del artículo es “Paris-Texas, una propuesta política de los imputados de Tarnac”

Si pudiera restaurar en vuestra web el título sin amputar, que haría que sus lectores, quien sabe? un poco de humor que nadie sabe por qué – la verdad no es muy misterioso – ha privado a los lectores de la web de Le Monde.
Atentamente.

Des Tarnacois – 25 février.

 

 

http://www.soutien11novembre.org/

http://www.soutien-villierslebel.com

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