Abolir las asambleas generales

Sabotear cada instancia de representacion
generalizar la palabra
abolir las asambleas generales

Todo movimiento social encuentra el primer obstáculo, mucho antes que
en la policía propiamente dicha, en las fuerzas sindicales y toda esa
microburocracia cuya vocación es controlar las luchas. Las comunas,
los grupos de base y las bandas desconfían espontáneamente de ellas.
[…] cualquier entidad coordinadora es superflua allí donde hay
coordinación, las organizaciones siempre están de más allí donde la
gente se organiza. […] Otra reacción automática es, a la menor
ocasión, hacer una asamblea general y votar. Es un error. El simple
objetivo del voto, de la decisión que hay que alcanzar, basta para
convertir la asamblea en una pesadilla, para hacer de ella el teatro
en que se enfrentan todas las pretensiones al poder. […] La asamblea
no está hecha para la decisión, sino para el debate, para la palabra
libre ejerciéndose sin meta. La disposición a juntarse es tan
constante en los humanos, que es poco frecuente la necesidad de
decidir. Reunirse responde al regocijo de sentir una fuerza común.
Decidir sólo es vital en las situaciones de urgencia, en las que el
ejercicio de la democracia es en cualquier caso compromiso. […] No se
trata de criticar las asambleas o de desertar de ellas, sino de
liberar la palabra, los gestos y los juegos entre los seres. Basta con
ver que cada cual no acude únicamente con un punto de vista o una
moción, sino con deseos, adhesiones, capacidades, fuerzas, tristezas y
una cierta disponibilidad. […] si se se consigue desbaratar la siempre
renaciente tentación de la hegemonía, si se deja de considerar la
decisión como finalidad, existe la posibilidad de que se produzca una
de esas tomas en masa, uno de esos fenómenos de cristalización
colectiva en los que una decisión toma a los seres, en su totalidad o
únicamente en parte. […] Partir del principio de que “la acción debe
de guiar el desarrollo de una asamblea” es imposibilitar tanto la
efervescencia del debate como la acción eficaz. […] No hay que
establecer una forma ideal para la acción. Lo esencial es que la
acción adopte una forma, que la suscite y no la padezca. […] En lo
relativo a decidir acciones, éste podría ser el principio: si cada uno
va a reconocer el terreno, si se confirman los datos, la decisión
llegará por sí misma; más que tomarla nosotros, ella nos tomará. La
circulación del saber anula la jerarquía, iguala por arriba. La
comunicación horizontal, proliferante, es también la mejor forma de
coordinación de las diferentes comunas para acabar con la hegemonía.

La insurrección que viene (2009), Comité Invisible

Vía (teclista) 

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