oasis

Lo que hemos observado podría igualmente describirse como la pérdida creciente del mundo, la desaparición del entre-dos. Se trata de la extensión del desierto, y el desierto es el mundo en las condiciones en que nos movemos en él.

(…)Esta idea está en la base de la psicología moderna. Ella es la psicología del desierto e igualmente la víctima de la ilusión más espantosa que pueda darse en el desierto, la que nos incita a pensar que algo en nosotros no funciona, porque no podemos vivir en las condiciones de vida del desierto, y que perdemos en consecuencia la capacidad de juzgar, de sufrir y de condenar. En la medida en que la psicología trata de « ayudar » a los hombre, ella les ayuda a « adaptarse » a las condiciones de una vida desértica. Esto nos quita nuestra única esperanza, a saber, la esperanza de que nosotros, que no somos el producto del desierto, pero que vivimos sin embargo en él, seamos capaces de transformar el desierto en un mundo humano. La psicología pone las cosas cabeza abajo ; pues es precisamente porque sufrimos en las condiciones del desierto por lo que somos todavía humanos, por lo que estamos todavía intactos. El peligro consiste en que nos volvamos verdaderos habitantes del desierto y nos sintamos bien en él.

(…) No podemos esperar que se reúna el coraje a la raíz de toda acción, de todo lo que hace que un hombre se vuelva un ser que actúa, sino de aquellos que consiguen soportar (« aguantar ») la pasión de la vida en las condiciones del desierto.

(…) La psicología trata solamente de habituarnos a la vida en el desierto hasta el punto de que no sintamos ninguna necesidad de oasis. Los oasis constituyen todos los dominios de la vida que existen independientemente, o al menos en gran parte independientemente, de las circunstancias políticas. Lo que está torcido, es la política, esto es nosotros mismos, en la medida en que existimos en plural, pero no lo que podemos hacer y crear en la medida en que existimos en singular : en el aislamiento como el artista, en la soledad como el filósofo, en la relación particular privada de mundo del hombre con el hombre, tal y como nos aparece en el amor y a veces en la amistad (cuando, en la amistad, un corazón se dirige directamente a otro) o cuando en la pasión desaparece el entre-dos, el mundo, bajo la presión de la pasión inflamada. (…) Pero no hay que confundir a los oasis con el « descanso » ; ellos son las fuentes que dispensan la vida, que nos permiten vivir en el desierto sin reconciliarnos con él.

El peligro inverso es mucho más frecuente. Se usa a menudo para designarlo el término de huida, de escapismo. Huimos del mundo del desierto, de la política, de cualquier cosa. (…) Cuando huimos, hacemos entrar la arena en los oasis… Porque así sucede, porque los oasis que pueden dispensar la vida son aniquilados cuando buscamos refugio en ellos, puede parecer que todo conspira a hacer advenir, por todas partes, el desierto.

 

H. Arendt, Introducción a la política II

 

J, vía Seminario Jacotot.

 

 

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