Ελλάδα fast forward

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Time line

La historia en fast forward.

La historia no se detiene por un momento. Y sin embargo, a lo largo de nuestras vidas, el tiempo es compartimentado cada vez más, fracción tras fracción, y persiste la ilusión de estancamiento. En la interminable repetición de lo cotidiano, en la lucha incesante por la supervivencia, es muy fácil engañarnos a nosotros mismos al pensar que la rueda de la historia se han paralizado, tan a menudo, quizás, que podría ser que se moviera al final hacia atrás.

Piense en esta profesora de instituto en la prefectura rural de Beocia (Grecia). En los últimos dos años su salario se ha reducido en más de una quinta parte, hasta llegar a la cifra de ochocientos euros. Este año, no hay libros. En su colegio, la electricidad y calefacción se han desconectado, el gobierno no pudo hacerse cargo tras los recortes más recientes. Hace dos años que vivió en el año 2009. Hoy su vida -debe ser una buena sensación- se ha sumergido en un pasado muy muy profundo.

Pero la historia no se detiene por un momento, incluso si, en las metrópolis de Occidente al menos, el lustre neoliberal casi veló perfectamente su cobro por adelantado. Aquí, la historia se convirtió en un telón de fondo congelado y nuestras ciudades se convirtieron en una multitud de molineros, perfectamente individualizados, una constelación de miles de efectivos en pos de algunos avances autodeclarados. Thatcher nunca abrió la boca, pero podría haber hecho mucho más: no hay tal cosa como la historia, sólo carreras lucrativas a las que dar caza. 

La historia no se detiene por un momento, y hay momentos en los que entra en fast forward. Tiempos como los nuestros, cuando la promesa de un futuro lucrativo se desvanece, cuando ya no hay zanahoria que mantenga en equilibrio el palo. Momentos en que la ilusión de prosperidad marcha a lo grande, dejando en el frío de la mera supervivencia a muchos, tan rápido.

En los últimos meses, semanas, días, las agujas del reloj de la historia han estado girando como locas en todo el territorio griego. El presente ya es inhabitable para muchos, se siente, que se muestran decididas a sacar adelante cualquier futuro. El mantra del encuentra-tu-propio-negocio se convirtió en un silencio entumecido por un tiempo, pero este silencio está siendo ocupado por un rugido sutil, primordial.

Una huelga general detrás de otra, continuamos y constantemente nos autoengañamos pensando que el cambio está a la vuelta de la esquina, que un rapto mesiánico va a alterar la trayectoria histórica hacia el bien. Tiene que pasar ahora, se ha convertido en una certeza ritual antes de la manifestación.

Pero la historia no se detiene en la víspera de una huelga general. Piense en los ancianos residentes de un bloque de pisos en el barrio ateniense del norte de Nueva Filadelfia. Entraron en la asamblea de extraordinaria decididos a ceder parte de sus escasos ingresos a pintar la fachada de su edificio, recientemente ‘manchado’ por los graffitis. A mitad de camino de la asamblea el estado de ánimo había cambiado. Un nuevo consenso surgió porque una de las consignas pintadas decía: “todos los bancos son criminales” – todos estaban de acuerdo en que ese podría quedarse. La asamblea había llegado a su fin, el nuevo consenso era que todas las consignas debían permanecer, y los residentes de avanzada edad se marcharon con un orgullo recién encontrado en el espíritu de lucha de su comunidad.

Hay una enorme cantidad de cuestiones en juego en esta huelga general. Pero todo lo que vemos y hacemos en las calles de Atenas no es más que un mero atisbo de nuestros fast forward, de nuestra voluntad y nuestra capacidad colectiva para impulsarnos hacia el futuro. Cualquiera que sea la represión que soportemos, cualquiera que sea la terquedad de un poder que no ha comprendido todavía que su tiempo ha terminado, se trata de nuestra propia historia que se está reproduciendo en fast forward, este es nuestro brillo, nuestra viveza, nuestros días que han llegado.

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