Huelga

Madrilonia se ha levantado sobresaltada por un sueño apasionante, la visión de una región euromediterránea paralizada en su re-producción e inserta en un proceso de cambio irreversible podría despertarnos de una pesadilla neoliberal que parece no tener fin. El sueño, aún borroso, plantea nuevas preguntas y algunas respuestas ante la, cada vez más presente, posibilidad de que desde el movimiento 15M y los sindicatos de base se convoque una huelga general en los próximos meses.

Superadas las pruebas de la opinión pública, la toma desobediente de las calles y la articulación, en forma asamblearia, de un contrapoder incipiente podemos soñar con abrir rutas por caminos no transitados. Ahí encontraremos, caminando, lo impredecible de un sueño gobernado por el inconsciente colectivo, por ese sentido del común que tan buenos resultados nos ha dado hasta ahora. Los sueños no permiten ver o sentir con la claridad y crudeza con la que nos golpea la realidad, pero sí nos dan la posbilidad adentrarnos sin miedo en lo desconocido poniendo en juego un elemento tan simple pero definitivo como es el despertar.

Si nos decidimos a soñar colectivamente y adentrarnos en lo desconocido estaremos dispuestos a volver a definir los límites de lo posible. Cuando nos dicen que una huelga general euromediterránea es algo que no podemos hacer, respondemos que hemos llegado hasta aquí aupados sobre otro montón de sueños imposibles: toma de plazas, interacción de cerebros en la red, paralización de desahucios, asambleas vecinales, bloqueos, marchas masivas…

La pregunta no es si podemos hacerlo o no, la pregunta es cómo actuar para poder llevarlo a cabo; cómo convertir ese sueño en realidad. Para empezar, lo mejor es imaginar y construir buenas preguntas ¿Cómo sería esa huelga? ¿Qué imagen nos devuelve ese sueño?

HUELGA SOCIAL EUROMEDITERRÁNEA

Huelga: las preguntas que nos asaltan son muchas y representan grandes desafíos. ¿Cómo construir la fuerza colectiva necesaria para detener la economía en el contexto que vivimos? Olvidemos las imágenes que nos ofrecen las películas y que nada tienen que ver con nuestras vidas. Aquí ya no hay apenas grandes fábricas, no quedan muchas cadenas de montaje, no se ven demasiados monos azules ni cascos de trabajo. No hay industria pesada, pero sí trabajadores del sector público en progresiva precarización, grandes empresas transnacionales proveedoras de servicios y redes de pequeñas empresas en régimen de subcontratación, trabajo autónomo que corre con los riesgos, migrantes hiperexplotados, amas de casa invisibilizadas, externalización de redes de comunicación y transporte, tercer sector, etc.

No sería entonces una huelga de aquellos que tenemos identificados como los trabajadores tradicionales (que también) sino una huelga de todo el mundo. Por eso, una huelga social.

Social: ¿cómo hacen huelga los parados? ¿Y una community manager? ¿Y un enfermero? ¿Y un vendedor de El Cairo? ¿Cómo se bloquea la producción de una ciudad al completo o incluso de una región internacional? Afortunadamente tenemos experiencias previas que nos permiten orientar las fases de este sueño, aunque no desaparezcan las zonas oscuras sobre las que habrá que arrojar luz. Desde los cortes de carretera que bloquearon Buenos Aires en 2001 o las posteriores ocupaciones de tierras, a las movilizaciones estudiantiles de Italia y Gran Bretaña de 2010, pasando por los bloqueos de webs realizados durante las protestas contra la Ley Sinde y finalizando en las ya soñadas, pero no realizadas, huelgas de cuidados o los no-pagos colectivos de hipotecas o alquileres.

Una huelga social euromediterránea que paralice o reduzca de forma permanente el consumo en sectores estratégicos (transporte, energía,…), que regrese a manos colectivas todos los bienes que le están siendo robados, que defienda la sanidad y educación, que haga hincapié en el acceso gratuito a los bienes comunes y apueste por la gestión comunitaria de esos bienes frente a la privatización. Una huelga social que intranquilice a los mercados con constantes ataques al sistema financiero (retirada de fondos, bloqueo bursátil,…), que ponga en jaque los medios de comunicación de las grandes corporaciones, que señale a la clase política, que vigile la labor policial, que recupere terrenos, edificios o viviendas para uso social y detenga el abastecimiento de los bienes de lujo… Bello panorama ensoñador.

Euromediterránea: ¿Cómo bloquear el pacto del euro sin un conflicto a escala europea? ¿Cómo detener la especulación financiera sin la construcción de un territorio de luchas sociales que sea tan amplio como el del propio capital? ¿Cómo romper con el expolio europeo de los países del sur mediterráneo, utilizados como fuente de recursos energéticos y de mano de obra barata o como sedes de empresas deslocalizadas para reducir costes? ¿Cómo eliminar las fronteras militarizadas que tratan de frenar la “amenaza” subsahariana de nuestro “ideal” sistema de bienestar europeo? ¿Cómo ser realmente solidarios con nuestros hermanos y hermanas rebelados, desde Grecia hasta Egipto, sin construir momentos de conflicto comunes? El tiempo de la huelga francesa, la huelga española o la huelga egipcia han terminado. Compartimos  problemas y redes de explotación, pero también tenemos herramientas, capacidad de organización e intereses comunes que definirán nuestras posibilidades de ataque y resistencia.

Se trata de cambiar las escalas (territorial y social) de la convocatoria. Trascender la identidad nacional y “trabajadora” de la huelga para avanzar hacia un nuevo ciclo de movilizaciones. Es necesario señalar a las instituciones de la UE, a su responsabilidad en la crisis de la deuda. Pero también hay que detener la connivencia interesada de Europa con gobiernos que masacran a los pueblos. Sólo las respuestas de la diversa sociedad euromediterránea pueden frenar las políticas que nos llevan al desastre a ambos lados del Mediterráneo.

The movement must go on!

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