Algunos apuntes sobre el movimiento anarquista/antiautoritario en Grecia

Una breve consideración sobre el anarquismo en Grecia desde los inicios del movimiento hasta los disturbios de diciembre. Escrito por el grupo anarco-comunista de Atenas “Eutopía” para la Biblioteca Franco Serantini en septiembre de 2009.

Durante el mes de diciembre de 2008, Grecia estuvo en el centro de la información periodística internacional. El asesinato de un estudiante de 15 años en el barrio de Exárjia llevó a miles de personas enfurecidas (en un número sin precedentes de ciudades e incluso pueblos) a enfrentarse a las fuerzas policiales, atacar comisarías, bancos, empresas, edificios estatales, ocupar universidades, edificios municipales e incluso el teatro de la ópera de Atenas; creando un contexto de insurrección social, pero fallando a la hora de tener un impacto decisivo en los lugares de trabajo. Desde el mismo incidente hasta la generación gradual de la oleada de ira, la presencia de “anarquistas” tuvo un papel importante, sin querer decir en absoluto que estos fueran la totalidad de los que se movilizaron, sino más bien la chispa que desencadenó los eventos. Es importante tener en cuenta este factor para dar origen a un movimiento anarquista internacional nuevo y más fuerte. A través de un estudio histórico y nuestras propias observaciones, intentaremos arrojar algo de luz sobre estos acontecimientos, lo que consideramos importante no solo a la hora de mejorar el discurso y la acción del movimiento anarquista-antiautoritario en Grecia, sino también de los movimientos europeos, balcánicos y mediterráneos, encontrándose Grecia en la encrucijada entre estas tres regiones.

En la región helénica, el anarquismo no tuvo un florecimiento como un movimiento revolucionario importante en el mismo periodo de tiempo en el que esto ocurrió en muchas otras naciones europeas. En esta área al sur de los Balcanes, el “anarquismo griego” no apareció realmente hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando ganó influencia en las Islas Jónicas y el puerto de Patras, regiones que tenían un alto grado de inmigración italiana. Las ideas de Proudhon, Bakunin, Kropotkin y otros gozaron, no obstante, de una gran influencia en el pensamiento socialista de aquella época. Como se menciona en una carta de un grupo anarquista de Pirgos (un pequeño pueblo cerca de la antigua Olimpia) “el anarquismo ya estaba presente aquí en 1892″, mientras que más tarde, en la misma carta, se señala que a finales del siglo XIX y los inicios del XX no había socialistas autoritarios (refiriéndose a marxistas), pero sí bastantes socialistas “conservadores, liberales y anarquistas”. Para los historiadores marxistas, la debilidad de los dispares grupos que existían en aquella época, que fueron rápidamente absorbidos como secciones de la I Internacional, junto con las escisiones que ya existían dentro de la Internacional, combinados con la aparición de las ideas marxistas en 1912, evidenciaban un cambio en Grecia como utópico según el socialismo científico. Las ideas anarquistas fueron desvaneciéndose y dejaron de tener un impacto visible en el movimiento obrero y campesino desde los años 20 en adelante. En anarquismo en su forma clásica dejó de tener influencia en las luchas obreras en Grecia. En consecuencia, no podemos hablar de una tradición anarquista en Grecia de la que pueda presentarse como heredero el moderno movimiento anarquista, ni en experiencia, ni en lucha, ni en teoría.

Las ideas anarquistas emergieron desde 1974, tras de la caída de la junta militar. En esta época, el anarquismo fue importado desde países europeos como Italia, Francia, Inglaterra y Alemania (principalmente por estudiantes helenos que regresaban a Grecia). Estas ideas encontraron acogida en sectores de la juventud griega, especialmente entre los universitarios, y se desmarcaron de la influencia marxista partiendo de preceptos explícitamente libertarios. Sin embargo, estas ideas y los medios por los que eran expresadas, sus tácticas y sus propuestas organizativas tenían poca semejanza con el movimiento anarquista “cásico”. Las principales influencias provenían del Mayo del 68 parisino y del situacionismo, el movimiento okupa y las organizaciones armadas de Europa Occidental, así como del movimiento autónomo italiano. La propagación de las ideas anarco-autónomas (anarcoautonomoi) en las universidades a finales de los 70 situó a los anarquistas en el centro del escenario político así como a encabezar a la llamada “juventud-salvaje” en Exárjia a lo largo de los ’8o. A finales de los ’80 y comienzos de los ’90, había quizás dos características básicas en la acción del movimiento antiautoritario-anarquista, por un lado la idea de la violencia insurreccional y, por otra, la expansión de las ocupaciones. Como se citó en un texto escrito durante los disturbios de diciembre, “el elemento básico del movimiento anarquista en Grecia, desde su nuevo comienzo es el cuestionamiento del monopolio legal de la violencia por parte del estado”. Aparte de este y el derecho a resistir, que también se defendía, otros elementos se mencionaban en el mismo texto incluidos: “la auto-organización de la lucha, el cuestionamiento de la organización de la vida cotidiana, la ausencia de mediación (durante la lucha o fuera de ella), autonomía de decisión para los colectivos (a través de asambleas y procedimientos de democracia directa, la táctica principal es consensuada y se rechaza la regla de la mayoría). La estrategia y las tácticas o, para ser más preciso, la mentalidad que la mayoría de los anarquistas griegos tenían en común,  no era la de aceptar la visión de una “gran organización anarquista” (con dos excepciones, una en los 80 y otra a comienzos del siglo XXI). Los anarquistas funcionaban y se organizaban a través de pequeños grupos o “núcleos”, cuya meta básica es contribuir al antagonismo social encabezando una ruptura caracterizada por la confrontación violenta. Las percepciones y creencias de los situacionistas, las prácticas de la autonomía y de la lucha diaria de las comunidades zapatistas han influenciado (y lo siguen haciendo) el modo en el que los grupos anarquistas conciben su acción y práctica. Estas influencias se identifican con figuras representativas del llamado post-anarquismo (por ejemplo, J. Adams), las cuales prestan muchas más atención a las prácticas diarias de los grupos activistas que a la lucha política en si misma dentro de un espectro político-ideológico más amplio.

Durante la última década podemos señalar una presencia anarquista en aumento tanto en las cuestiones y enfoques de varios grupos como en términos de localización geográfica. Un compromiso más “persistente” con cuestiones ecológicas-locales y centrándose en lo que podemos definir como “acción libertaria local”, especialmente a través de la acción de los centros sociales anarquistas-libertarios en varios barrios de Atenas y otras grandes ciudades creando las condiciones necesarias para levantar “puentes” entre la resistencia auto-organizada y las comunidades locales. Por su puesto, esto sólo ha sido posible allí donde la presencia libertaria ha sido originada por miembros de la propia comunidad. Este compromiso sistemático con las cuestiones ecológicas-locales ha sido comenzado fundamentalmente por pequeños grupos de compañeros caracterizados por un mayor enfoque libertario-anarco-comunista, en su intento de formar unas condiciones más amplias de lucha social autogestionada en un “frente” seguro, acompañado por una feroz crítica a la ideología del desarrollo. Al mismo tiempo, la influencia de la acción de organizaciones como ALF (Frente de Liberación Animal) y ELF (Frente de Liberación de la Tierra) del norte de Europa y América, han jugado un papel importante en la creación de lo que podemos llamar acción eco-anarquista, expresada a través de varios grupos. Las cuestiones medioambientales fueron aumentando su prioridad en la acción anarquista, especialmente desde los Juegos Olímpicos de 2004, siempre combinadas con la crítica al sistema capitalista, el estado y sus cómplices políticos. La ecología social ofrece útiles análisis y propuestas por sí misma.

Mientras las cuestiones ecológicas se establecieron en la conciencia colectiva de los anarquistas como una parte importante e inseparable de la lucha social, la acción obrera autónoma también está empezando a dar nuevos e importantes pasos. Indudablemente, los esfuerzos de algunos trabajadores autónomos para combinar la acción directa con el sindicalismo industrial a través de formas horizontales de organización en el sector del correo son un importante punto de referencia. Este esfuerzo ha mostrado el camino formando sindicatos de base, donde los anarquistas y los miembros de la llamada “extrema izquierda” juegan un papel importante. La presencia de tales organizaciones desbarata la imagen del movimiento obrero completamente controlado por sindicalistas profesionales cuya máxima expresión son los miembros del PASOK (Partido Socialista) y del Partido Comunista Griego (KKE).

Estos dos avances que han venido desarrollándose durante los últimos cinco o diez años han sido mencionados porque están relacionados con la insurrección de diciembre en dos cuestiones: ambos impulsaron la insurrección y fueron impulsados por la insurrección. Una de las conclusiones trazadas desde la insurrección del pasado mes de diciembre es que la visión libertaria de la democracia directa y el auto-gobierno a escala comunal se situó como una guía para próximas acciones, las cuales no se extienden mediante el electoralismo o por medio de representantes sino a través de las condiciones de esa comunidad temporal de gente insurrecta. La revuelta planteó una serie de ideas que se extendieron por la sociedad por medio de la insurrección, de una forma muy similar al modo en el que las relaciones mutuas se establecieron en Argentina y en Oaxaca cinco y tres años antes, respectivamente.

El 11 de diciembre, la ocupación del ayuntamiento de Agios Dimitrios (suburbio al sur de Atenas) y la subsiguiente celebración de una asamblea popular abierta, dio la oportunidad a más de 300 personas de discutir sobre lo que ocurría, abriendo un amplio espacio de discusión y colaboración pública (debe tenerse en cuenta que había también un centro social libertario, que tenía un década de historia de activismo en la comunidad). En esta asamblea surgieron varias oportunidades, más o menos realistas: la unidad y el encuentro de mucha gente fue posible a través del procedimiento asambleario asumido en un ayuntamiento ocupado por anarquistas – estas personas o bien participaban en los choques callejeros con la policía o expresaban su rabia por el asesinato de Alexandros Grigorópulos, pero no podían estar en la calle por su edad – algunos estaban interesados simplemente en el procedimiento o aparentaban estar por sus propias razones. Durante la asamblea, cualquiera pudo expresar su opinión (incluso el teniente de alcalde), pero eso no supuso que este procedimiento dejara de significar una reunión de personas en lucha. En estas asambleas la anti-violencia social, la destrucción de bancos y de edificios del estado y los choques con la policía que tuvieron lugar, fueron defendidos abiertamente. Hubo también sabotajes de las máquinas de billetes del metro autorizados por decisión de la asamblea popular. Durante algunos días, se le denegó el acceso al ayuntamiento al concejo municipal. Antes de la ocupación de Agios Dimitrios, casi todas las ocupaciones tuvieron lugar en edificios universitarios, donde la policía no podía entrar fácilmente por razones legales. En este momento, la responsabilidad de optar por una orden de desalojo violenta fue dejada en manos del concejo municipal lo que significaba que podrían ponerse en contra a muchos habitantes del municipio. Se mantuvo una discusión entre los ocupantes y la gente que trabajaba en los servicios municipales sobre la posibilidad de extender los servicios sociales, demostrando que el control comunitario y el control obrero podían ser combinados. A través de esta experiencia, las prácticas anarquistas y libertarias, así como la presencia de compañeros en este área, se vieron reforzadas, al igual que la idea de la continuidad de acción en una determinada esfera social y la persistencia en la promoción de que la auto-organización y resistencia pueden ayudar a que las ideas anarquistas se establezcan a nivel local.

La idea de ocupar ayuntamientos y otros edificios municipales y celebrar asambleas abiertas se extendió por otras regiones de Atenas y Tesalónica en Diciembre de 2008, inicialmente por iniciativas desarrolladas principalmente por anarquistas, pero pronto seguidas por miembros de organizaciones y partidos de izquierdas. Junto a la intervención libertaria en un nivel municipal a través de ocupaciones y asambleas, la actividad obrera contra los sindicatos burocráticos encontró expresión en la ocupación de las oficinas centrales de la Confederación General de Trabajadores Griegos (GSEE) el 17 de diciembre. Miembros de sindicatos de base, anteriormente mencionados, y de organizaciones obreras independientes formaron la Asamblea General de Trabajadores Insurrectos, con el objetivo de llevar el mensaje de la revuelta a los lugares de trabajo. Partidos y sindicatos burocráticos se encontraron en una desagradable situación, en la que las fuerzas políticas que ellos habían denominado como “marginales” durante años  habían logrado ahora sacar a la luz la idea de la autogestión a través de la ruptura con las instituciones dominantes, tanto a través del municipalismo como de la acción independiente de clase. Esta ocupación desató otra serie de acciones similares en sedes de sindicatos burocráticos en otras ciudades griegas, especialmente tras el intento de asesinato de la inmigrante y sindicalista Konstantina Kúneva.

Resulta obvio que todos esos movimientos tenían sus limitaciones, por lo que la normalidad y la rutina regresaron. Aún así, hay algunos “núcleos” de resistencia que persisten en buscar la dirección correcta en la crítica y acción continuadas. Los incidentes del pasado mes de diciembre y el periodo posterior mostraron a un relativamente amplio número de personas interesadas en las ideas anarquistas o que desean participar en las prácticas que desarrollan los anarquistas, pero no participarían habitualmente en ningún grupo o centro auto-gestionado, porque tienen miedo de no poder asumir la responsabilidad o simplemente, no están del todo convencidos. Se pueden identificar elementos del discurso anti-autoritario en un amplio número de noticias y textos relativos a ocupaciones, centros sociales, grupos anarquistas, movimientos locales, ataques incendiarios e incluso ataques armados. Esta variedad de cosas, acciones y discursos no constituye una entidad sólida, pero no implica, por otra parte, una “guerra” entre diferentes corrientes o realidades. Lo que se echa en falta es un diálogo con coherencia política, no dirigido en absoluto a reemplazar al activismo, sino a reforzarlo ofreciendo un contenido más sustancial para evitar confusiones y ayudar a las direcciones anteriormente mencionadas a tomar una senda más iluminada hacia la liberación social.

Los compañeros de “Eutopia” (Revista por el municipalismo libertario)

Fuente: http://libcom.org.

Anuncios